El voceador: último eslabón del derecho a la información

El voceador: último eslabón del derecho a la información

Don Luis Alcalá es uno de ellos “diablero” desde hace 40 años que no puede ocultar las huellas del tiempo en sus manos

Cada día va peor, porque cada vez venden menos

Es un día como cualquier otro en la Ciudad de México, todavía el cielo se torna oscuro aunque la luz de la luna menguante ilumina un poco la mañana fría, aun cuando los días de invierno se ven lejanos, el viento es intenso; son aproximadamente las tres de la mañana en una ciudad en calma, tranquila y sin tránsito.

Camino hacia la calle de Bucareli el panorama cambia aquí parece no se duerme el taquero de la calle contigua, artículo 123 no se da abasto con los clientes, ¿Quiénes son los clientes? decenas de voceadores que cada madrugada, sin excepción, trabajan para que todos los asiduos a los diarios puedan tener la información todas las mañanas, la información fresca que acompañe su café.

Siguiendo las camionetas que salieron de la llamada esquina de la información, donde convergen dos de los periódicos más longevos e importantes del país Excelsior y El Universal, encontré a una decena de “diableros” como se les llama a los que se encargan de bajar las toneladas de información hacia los expendios.

Todos ellos hacen gala de fuerza para acabar antes de que el dueño del establecimiento haga su arribo para empezar a organizar, lo de todas las mañanas, el “empalme” como le llaman a completar cada diario con sus respectivas secciones; la ración de información que cada voceador tiene la misión de entregar.

Todo esto con el compromiso de regresar al día siguiente para cumplir con esta tarea de “último eslabón del derecho a la información”, como muy bien los llamó el Cardenal Rivera Carrera en la peregrinación anual al visitar a la Virgen Morena, que según sus propias palabras, es la “que los guía para llegar con bien a casa”.

Don Luis Alcalá es uno de ellos “diablero” desde hace 40 años que no puede ocultar las huellas del tiempo en sus manos, su rostro cuenta ya con las arrugas de una persona de aproximadamente 70 años pero que goza de la fuerza que ya quisiéramos muchos.

Acude al expendio a bajar diarios y revistas que aquí se distribuyen a los voceadores empuja el diablito decenas de veces en el transcurso de la madrugada para ganarse unos pesos que a veces son muchos o a veces pocos, pero que le dan casi lo mismo. Viudo desde hace 12 años me dice “la paga me alcanza para frijolitos e irla pasando pero el estar aquí es mejor que estar solo en casa. Me gusta trabajar en esto es lo único que sé hacer”.

Es entonces que para “Güicho”, como lo llaman sus compañeros, más que un trabajo, más que un oficio, es un lugar de refugio donde ha dejado cada una de sus energías desde hace cuatro décadas y su consuelo en estos años de soledad donde sus únicos y fieles compañeros serán su diablito repleto de diarios, revistas y esa navaja que le ayuda a desempacar cada una de las cargas.

Ahí me encuentro también a Doña María Esperanza García sentada en la banqueta, recargada en su babero convertido por unos momentos en almohada cuando el sueño todavía pesa, pues toma un poco de descanso. Una última siesta para empezar la chamba esperando pacientemente a que los diableros terminen de empalmar para iniciar la fila de la “repartida” como me dice la popular Doña Mari.

Todos los días desde su casa en Neza, de “aventón con sus cuates de las rutas, o a veces a la buena de Dios” para llegar a recoger los diarios que vende en la Colonia Atzacoalco donde tiene un humilde puesto que con gran esfuerzo pudo levantar hace 13 años después de vender de a “patín” como le llama a los que vocean el periódico entre las avenidas.

Dejó de venderlo de esa manera porque los años ya le pesan, aunque todavía se siente joven el “torear los coches” es un peligro y a su edad está consciente los riesgos que corre por eso invirtió los ahorros de toda su vida para tener el puestecito de periódico, revistas, dulces y refrescos para sacar para comer.

Se forma para recibir su carga y observo que cada minuto que pasa más actividad se siente en las calles aledañas pues camionetas se estacionan para bajar o subir la carga del día, pacas y pacas de revistas y diarios llegan sin parar.

Me acerco a una de ellas de color rojo y con letras grandes de PRENSA y me dice un jovencillo llamado Diego Chávez, de apenas dieciséis años, que él y su padre vienen diariamente a la Ciudad de México por su carga de “universales, prensas, gráficos y estos” como le llama tan familiarmente a los diarios, se dirigen a Tehuacán, Puebla su ciudad de origen para repartir a todos los pueblos aledaños.

El reloj avanza y ya marca las cuatro de la mañana y Don Antonio Ramírez Guadarrama dueño del expendio hace su arribo al expendio para empezar la rutina diaria, desde que tiene memoria acude a su negocio puntualmente pues su abuela fue la primera dueña y siguió su señora madre quien le dejó la encomienda de este negocio que ha “dado de comer a tres generaciones y ya vienen mis nietos”, me advierte.

Inspeccionar la entrega de periódicos y hacer la cuenta del día anterior, son las primeras actividades que lo esperan no sin antes decirme que “la cosa cada día va peor los voceadores me deben cada vez más dinero, porque cada vez venden menos. La crisis, aunada al pésimo gobierno. Según iba a generar empleos y lo que hacen es que negocios como estos quiebren y con esto cientos, miles de familias queden en el desamparo tanto despachadores, expendedores y voceadores”, me dice con molestia y preocupación.

Es entonces que después de poner todo en orden se sienta en un banco de madera visiblemente desgastado, pareciera que cada golpe, cada astilla guarda los ya más de setenta años del negocio familiar conversamos sobre la web y los portales de información.

Con tono de preocupación me dice que afecta mucho sus ventas que jamás se podrá llegar a la velocidad del internet, tampoco de la radio ni la televisión, pero si los jóvenes de ahora prefieren la web, e una gran desventaja para nuestro negocio.

La pregunta difícil llega si cree que los diarios podrían desaparecer, su rostro cambia inmediatamente, se vuelve una expresión reflexiva y casi rogando a la “morenita” me dice: “¡ojala no! pero estamos conscientes de que hay que actualizarse por los jóvenes porque si ustedes avanzan nosotros no podemos quedarnos estancados, evolucionar con ustedes bien dicen que el agua que no avanza se apesta”.

Es entonces que me encuentro con un personaje peculiar, que con un tono picaresco y risueño apodado “la muñeca” responde a mi pregunta sobre ¿Cómo le va en eso de la venta? “¿Tú crees que es negocio deber once mil pesos?, pero bueno no hay que quejarse tenemos frijoles y tortillas que comer y lo más importante una chamba que atender”, así que ni modo con el favor de la “morenita”, como todos le llaman a su madre del cielo, que se encuentra en el punto más alto del expendio con un ramo de rosas bien grande me dice: “hay que agradecer por tener vida, salud y trabajo y ya lo demás vendrá después”.

Respuesta que deja sin palabras pues sorprende la sonrisa que tiene dibujada en el rostro y las bromas que hace con el patrón, a pesar de vestir una chamarra despintada y rota que refleja el trabajo de esas manos entintadas, las huellas que deja el oficio; personas como esas de verdad que se agradece encontrar en el camino.

Daniel Aguilar Uribe amigo de “la muñeca” me dijo con mucho orgullo: “mi familia lleva más de cien años en esto, desde los abuelos” el vende periódico en Pachuca, Hidalgo y todos los días sin excepción toma su camioneta para llegar a la ciudad de México por su mercancía.

Este trabajo ha sido una tradición familiar de la que se siente profundamente orgulloso, pues sus hijos universitarios han podido salir adelante gracias a él. Las lágrimas en sus ojos lo dicen todo, los recuerdos llegan a la mente y se reflejan en su mirada pensativa, recordó a aquellos que se han ido pero que dejaron su legado, dejaron su misión, heredaron su trabajo, el oficio de voceador.

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