Tal cual: Ni Clinton ni Trump garantizan futuro de migrantes en EU

Por: Luis Carlos Rodríguez González

En momentos en que el presidente Barack Obama empieza a preparar su mudanza para dejar la Casa Blanca después de convertirse en el máximo deportador de migrantes con casi 3 millones de personas, todo ello matizado con un falso discurso en favor de la fracasada Reforma Migratoria, la pregunta es qué pasará con al menos 11 millones de mexicanos, centroamericanos y sudamericanos que carecen de un estatus migratorio que les permita permanecer en Estados Unidos.

Los candidatos demócratas y republicanos han jugado por años con el llamado “voto latino” y buscan durante las campañas aparecer cercanos a mexicanos, cubanos y centroamericanos, con el fin de capitalizar sufragios a su favor, todo ello a cambio de promesas de reformas, alivios y programas migratorios que eviten las deportaciones masivas.

Sin embargo, las cifras son contundentes: en sus casi 8 años de gobierno demócrata del presidente Barack Obama, a quien líderes de la comunidad latina ya llaman “Deporter in Chief”, contabiliza 2.8 millones de personas deportadas. Y aún faltan algunos meses por contabilizar.

Ello en comparación con los 8 años de gobierno del republicano George W. Bush quien deportó a poco más de 2 millones de personas. Ambas cifras son del Departamento de Seguridad Nacional.

Líderes de la comunidad latina lamentan estos 8 años de persecuciones, de detenciones, incluso de niños migrantes detenidos en virtuales cárceles, de la separación de cientos de miles de familias, que encabezó Obama, quien fue la gran esperanza de los latinos porque les prometió realizar una reforma migratoria.

El activista social, filósofo, escritor y fundador de la organización Humane Borders, Robin Hoover, señala que lo que viene para esos 11 millones de indocumentados no es nada halagador porque ni la demócrata Hillary Clinton ni el republicano Donald Trump son opción para cambiar las leyes a favor de los migrantes. “No hay gran expectación por ninguno”.

Asegura que ni el gobierno mexicano, ni mucho menos cualquiera de los candidatos presidenciales tienen un plan que brinde un estatus legal a estos millones de migrantes, como el que se estableció en 1986 y el cual no significa darles la ciudadanía, sino un documento que les permita viajar y trabajar por temporadas con sus familias en Estados Unidos, con una especie de visa temporal para determinadas áreas de la economía estadunidense.

Hace 30 años los migrantes mexicanos permanecían de 20 a 24 meses en Estados Unidos. Ahora están en promedio 9 años, debido a que es más peligroso y más costoso llegar a Estados Unidos. Se rompió la circularidad de la migración y también se rompieron millones de familias mexicanas que quedaron divididas por la militarización de la frontera norte.

La suerte está echada. Ni Donald Trump con su discurso xenófobo y antimexicano, ni Hillary Clinton, con sus promesas de campaña hacia los latinos y los migrantes, son opciones para los 11 millones de personas, de adultos, de “dreamers”, de niños, de mujeres, que trabajan, estudian, sueñan con no regresar a México o a Centroamérica y viven bajo el acecho de las deportaciones en Estados Unidos. Tal Cual.

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