Tal Cual: Corrupción y amiguismo: El Deporte Nacional

Tal Cual: Corrupción y amiguismo: El Deporte Nacional

Por: Luis Carlos Rodríguez González

Los resultados para México en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y todo lo que ha ocurrido alrededor de esta justa, son sólo el reflejo de lo que ocurre en nuestro país desde hace varias décadas en donde la corrupción, el amiguismo y los negocios con el erario público son el deporte nacional.

En toda la historia del olimpismo mexicano se han ganado 62 medallas, de las cuales 13 han sido de oro. Ello en un país de más de 120 millones de habitantes, lo cual nos indica que más allá del esfuerzo individual de los atletas mexicanos por destacar a nivel estatal, nacional, panamericanos y finalmente asistir a unas Olimpiadas para buscar una medalla, no hay una política de Estado que busque impulsar el deporte de alto de rendimiento y ni siquiera la práctica masiva, popular de diversas disciplinas.

Quienes destacan son prácticamente “garbanzos de a libra” que son descubiertos por algún entrenador y que llegan al pódium mundial como en su momento lo hizo el oriundo del pueblo de “La Mojonera” Michoacán, José Pedraza Zúñiga alias “El Sargento”, quien en 1968 ganó medalla de plata en caminata o Felipe “El Tibio” Muñoz quien hizo lo propio pero con medalla de oro en natación.

Ana Gabriela Guevara, velocista quien gracias a un entrenador pasó del basquetbol a la pista de atletismo y obtuvo medalla de plata en Atenas 2004; Ernesto Canto y Raúl González, oro y plata, respectivamente en caminata en Los Ángeles 1984; y más recientemente en levantamiento de pesas a Soraya Jiménez en Sídney 2000, así como la selección de futbol que ganó oro en Londres 2012.

Son casos aislados, la mayoría esfuerzos individuales, que cuando destacan toda la clase política se “cuelga” de las medallas, pero que no tienen nada que ver con la realidad del deporte mexicano, ya sea el llamado “alto rendimiento” o el de masas sin apoyo, traducido en el futbol llanero, en canchas urbanas de basquetbol abandonadas, de ciclistas que se juegan la vida en carreteras y periféricos para entrenar.

Hace varios años en México se hizo un experimento en la Costa de Oaxaca y Guerrero con niños y jóvenes afrodescendientes que se esperaba fuera el semillero de atletas mexicanos del nivel del velocista de origen jamaicano Ben Johnson. Al final, como casi todo lo que no deriva en negocio o corrupción en el país, fue abandonado. Nunca se aprovechó el potencial de estos jóvenes con características físicas de atletas.

El deporte en México es visto, por la mayoría de las federaciones, más como un buen negocio y por los funcionarios de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) como un “hueso” para llevar familia, amigos, novias a los Juegos Olímpicos, Panamericanos y hacer grandes negocios a costa del erario público.

Alfredo Castillo, el actual presidente de la Conade, se “ganó” la medalla de la burocracia olímpica mexicana luego de su cargo de comisionado de Seguridad en Michoacán, donde logró encarcelar a los líderes de los grupos de autodefensas en Michoacán, encabezados por José Manuel Mireles.

En los Juegos Olímpicos de Río paso de comisionado de seguridad a ser director de la “agencia de viajes” Conade y un enamoradizo y besucón funcionario que goza de la beca presidencial que le fue conferida.

No es un caso aislado. Bernardo de la Garza, con quien alguna vez jugué futbol en cascaritas de reporteros contra diputados del PVEM, se ganó la nominación a líder de la Conade en el sexenio de Felipe Calderón, gracias a la declinación del entonces candidato ecologista en favor del michoacano y panista durante la campaña del 2006. Primero una beca al extranjero a estudiar y después retorno triunfal como líder del deporte mexicano. Así esta nuestro deporte nacional.

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