Sabores y colores alegran el paladar y el alma de turistas en Santiago de Anaya

Sabores y colores alegran el paladar y el alma de turistas en Santiago de Anaya

La cocina ancestral de Santiago de Anaya, dejó de ser un mito, no es extravagante, ni exótica, la definición echa por turistas nacionales y extranjeros que se dieron cita en este rinconcito del Valle del Mezquital, lo dejaron claro, es cocina artesanal que alegra el paladar y el alma

Por: Monserrat García

No en vano todos los ingredientes son orgánicos, palabra de moda y que cobra vital relevancia entre una nueva ola que gusta de alimentarse sana y nutritivamente.

En el proceso de elaboración de estos platillos, no hay conservadores, todo ingrediente es de los campos que se erigen entre las montañas de esta tierra árida, aun así, el inicio de la primavera les regala plantas y frutos de temporada que aprovechan y cuya base es la carne de roedores de la especie del tlacuache, conejo y zorrillo además del conejo.

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Las larvas de hormiga, conocidas como escamoles, los gusanos blancos de maguey y los insectos que crecen en magueyes, nopales y mezquites, ofrecen un sabor espectacular a cada guiso. No se hable de los caracoles y la víbora de cascabel a la que se le atribuyen propiedades curativas y hasta afrodisiacas, razón por la cual seguramente las mujeres llegan a tener hasta 12 hijos.

Las mujeres y hombres indígenas colaboran en la preparación de los platillos, porque el primer paso es salir de cacería, esta es una comunión hombre-naturaleza, así primero aprovecharon del campo lo que se movía ante el hambre que les agobiaba. Pasaron los años y esta cocina se especializó pero nunca abandonó ni la raíz ni la esencia.

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Las mujeres la usaron cuando la remesa del marido que emigró hacia los Estados Unidos, no llegaba a tiempo; así  la prepararon y la degustaron para celebrar algo  y luego decidieron presumirla al mundo.

El lema de la etnia hñahñu, es “todo lo que corre y vuela va a la cazuela” y así se hace, por necesidad o por la pura alegría de comerse un tlacuachito al horno o una lagartija gigante rellena de escamoles, cada año esta es una fiesta que alegra la vista y el paladar, es un reto que invita a cerrar los ojos y comer un taco de víbora, otro de zorrillo mientras se sorbe un trago de pulque.

Santiago de Anaya y su gente esperan cada año al turista para compartir su muestra gastronómica ancestral. Esto ocurre en la víspera de la Semana Santa, cuando, la primavera ha llegado y en los campos florece todo.

¿Cómo llegar?

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A través de la carretera México-Laredo, entre Actopan e Ixmiquilpan en la desviación de la comunidad de Lagunilla, la vía llevará directo a la cabecera municipal de Santiago de Anaya.

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