Postigo: ¿Hay democracia?

Postigo: ¿Hay democracia?

Por: José García Sánchez

Las denominaciones de voto duro, voto de castigo, el de la inercia, voto consciente vienen a ser los mismos para los candidatos antes y después de los comicios.

Esta clasificación surgida de supuestos y basada en especulaciones como muchos delos mitos alrededor de las elecciones y la política que todavía no acaban de ser reales ni ficticios, se convierten en una manera de interpretar una parte oscura de la realidad política de México y específicamente del derecho al sufragio.

El voto duro, que es el comprado ya sea por militar en el mismo partido, pro dádivas a los votantes que tienen cautivos los partidos o simplemente por la compra del voto. En esta última acción es donde los partidos hacen un cálculo de las personas que todavía creen que en las mamparas hay ojos o que se ven obligados a fotografiar con su celular la boleta mostrando la cruz en el partido que se exige a cambio de 100 o hasta 1000 pesos, dependiendo de la necesidad del partido.

En el voto de castigo, que más bien debería llamarse de venganza porque la mayoría de los mexicanos todavía no se asume como mandante del mandatario, o del supuestos representante popular, y es el más efímero de los votos, porque ni es duro o sea, incondicional y seguro, ni es consciente; simplemente obedece a la venganza por la inseguridad, la falta de empleo, de matrícula, de honestidad, de áreas verdes, de salarios dignos, de precios justos, etc.

Así,  el voto de castigo pareciera convertirse en el voto más común de los que existen en esta endeble democracia. Lo cierto es que la gente no puede comprometerse con la ideología de un partido simplemente porque los partidos carecen de ideología. Ahí está el PRI que echa por la borda su lema de justicia social a partir de presentación y posterior aprobación de las reformas estructurales que muestran desde ahora la miseria que atraen para los mexicanos.

Y así sucede con todos los partidos políticos que se traicionan sus raíces como si se tratara de apuestas a candidatos sin arraigo en el partido ni simpatías en la sociedad.

Existe también el voto de la inercia que considera que su opción es la menos peor o, en pocos casos, la mejor. Hay quienes votan por un partido por inercia, por herencia, por tradición familiar. Un voto cerrado, circunscrito a un núcleo social reducido.

El voto consciente puede ubicarse en l extraño mundo de las convicciones y las ideologías que suelen no existir dentro de los partidos. Puede ubicarse en el mundo de las ideas políticas por no en el universo de los partidos políticos mexicanos.

Este tipo de votos no nutre ni fortalece una democracia que no puede sustentar su existencia en la votación ni l votación puede ser coordinada por un grupo reducido de consejeros electorales que, como consejo de ancianos o iluminados, pueda definir las reglas de un juego de la sociedad sin la intervención de ésta.

El modelo del INE y el desprestigio en el que lo ha hundido Lorenzo Córdova se convierte en el peor enemigo del sistema político mexicano que de ninguna manera puede llamarse democráticos.

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