Pemex maquillado

Los cambios en el gabinete serían cosméticos  y la reforma energética una pantomima sin la erradicación de la corrupción dentro de Pemex

Querer sanear las finanzas de Pemex sin remover a Carlos Romero Deschamps acusa complicidad y el anuncio de una larga agonía de la empresa productiva del Estado.

Los cambios en el gabinete serían cosméticos  y la reforma energética una pantomima sin la erradicación de la corrupción dentro de Pemex, que, sin duda alguna, encabeza Carlos Romero Deschamps, junto con sus 36 jefes de sección.

La baja en los precios del petróleo no hubieran golpeado tanto las finanzas de Pemex si contara con una administración honesta y eficiente y un sindicato que cumpla con su tarea de manera transparente. Sin embargo, la institucionalidad de los delincuentes de cuello blanco tiene más valor que los delitos para quienes en tiempos de crisis política requieren de personajes como Deschamps para consolidar la reforma energética dentro y fuera de nuestras fronteras.

No remover a Deschamps y transformar a profundad la estructura del sindicato habla de un deterioro muy grave al interior no sólo de la empresa sino del propio poder político.

El cambio en la dirección de Pemex se realiza después de que la empresa ha transitado en los tres últimos años por circunstancias internas y externas que afectaron su operación y rendimiento.

A menos que la aprobación de la reforma energética haya tenido como único fin esterilizar a la oposición a través del Pacto por México y entonces dejar manos libres al gobierno federal para hacer de los energéticos de todos los mexicanos un negocio de sólo unos cuantos como el propio Deschamps y Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía.

El despido anunciado desde hace meses de más de 13 mil trabajadores tiene también algunas aristas que seguramente implican complicidad entre la parte patronal y sindical, como es el hecho de contratar mano de obra extranjera muy barata, más barata que en México (¡), con coreanos, españoles y otros obreros, pero carecen de la especialidad de los mexicanos. Se trata de personas, casi esclavos que viven en barcos, que pisan tierra y que trabajan en algunas plataformas por imposición de la empresa, con la anuencia del sindicato.

Cómo hacer más productiva una empresa con mano de obra improvisada, con un sindicato corrupto, con asociaciones delictuosas entre los líderes de las 36 secciones con el crimen organizado, sin autocrítica ni deseos reales de transformar o sanear nada.

Mientras tanto, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, demandaron la reestructuración en el gasto de la empresa, lo cual debe implicar, forzosamente, cambios en el sindicato.

Todo hace suponer que José Antonio González Anaya llegó ahí para resguardar la impunidad de Deschamps a quien parece temerle, por lo cauto al hablar del líder o simplemente está ahí porque Lozoya le caía mal a Videgaray. Y Videgaray ahora abre espacios propios en la vida política del país, o de lo que queda de éste. Pareciera que el futuro está en sus manos.


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