El papa y el pedacito de guerra de Norberto y los migrantes

Hay otra guerra en el paraíso. La evidente ruptura entre el líder del Estado Vaticano y Norberto Rivera, quien “no es invitado a la cena del señor”


La visita del Papa Francisco a México tiene preocupados y hasta molestos a no sólo a algunos sectores del gobierno mexicano que inicialmente habían proyectado la visita del líder religioso como un respaldo o por lo menos un bálsamo frente temas de corrupción, violencia,  narcotráfico y pobreza, sino también a jerarcas de la Iglesia católica que viven más como reyes que como pastores de la religión.

De entrada las declaraciones del Papa Francisco de que “México vive su pedacito de guerra”   en alusión al “México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los carteles”, encendió los “focos rojos” en el gobierno federal al caer en cuenta que no se trata de las clásicas visitas papales con canciones, porras, besamanos, mensajes divinos sin un ápice de crítica al gobierno en turno.

A pesar de los esfuerzos de algunos gobiernos estatales, como el de Chiapas, que buscan hacer de este periplo pastoral una especie de show o telenovela  con actores de ojos verdes que se disfrazan de indígenas y con  primeras damas que cantan cual Lucero el 12 de diciembre en La Villa, el Papa Francisco tiene la inteligencia y valentía de descubrir los montajes que ocultan la pobreza, el acarreo y la lisonja.

Pero hay otra guerra en el paraíso. La evidente ruptura entre el líder del Estado Vaticano y Norberto Rivera, quien “no es invitado a la cena del señor”. El religioso duranguense se ha ganado el desprecio papal no sólo por el encubrimiento de sonados casos de pederastia en México, también por su vida más apegada al poder, al oropel, que a las causas sociales, indígenas o en favor de los migrantes.

Desde su órgano de difusión dominical  “Desde la Fe”, el Cardenal Norberto Rivera alude sin compromiso temas de migración, de pobreza, de pronto crítica a personajes como Andrés López Obrador, al populismo, al homosexualismo, casi siempre respaldando o avalando al gobierno federal en turno, ya sea del PRI o del PAN.

Pero esas críticas en temas como el maltrato, deportación y asesinatos de migrantes se quedan tibias  en el papel o en encriptadas homilías desde el púlpito de la Catedral. Nunca señalan a nadie, ni proponen nada y muchos menos abren las puertas de los templos o seminarios a centroamericanos o indígenas que cruzan por México en condiciones de miseria.

A diferencia de las congregaciones religiosas de Estados Unidos, aún de estados y ciudades antimigrantes como Arizona, que dan refugio dentro de los templos a mexicanos y centroamericanos  no por días o semanas, sino por meses o años, para evitar su detención y deportación por parte de autoridades de ese país. 

Eso lo sabe el Papa jesuita y argentino, más apegado a la línea de los religiosos como Don Samuel Ruiz, los padres Alejando Solalinde y Pedro Pantoja o el Obispo de Saltillo, Raúl Vera, con un verdadero compromiso social y pastoral que al círculo de religiosos encabezados por Norberto Rivera Carrera.

Las televisoras mexicanas a diferencia de otras visitas de los líderes del Estado Vaticano, han empezado a bajar el nivel de publicidad para la visita de Mario Bergoglio. No vaya ser que el Papa vaya a incomodar de más al poder en México o vaya referirse a temas como la desaparición de los 43 normalistas en Iguala, el maltrato y muerte de migrantes con nombre y apellido o de cifras de pobreza y miseria en nuestro país. Tal Cual.

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