Rincones de Hidalgo, presentes en la Feria 2016

Rincones de Hidalgo, presentes en la Feria 2016

En el pabellón artesanal no hay nada chino, pues todo emerge de las manos de familias que conservan y mejoran las hechuras de sus antepasados

Oliver García / La Verdad Hidalgo / Colectivo Digital

A punto de abandonar el recinto ferial, curiosos y devotos dan un último vistazo al sitio que concentra los rincones de Hidalgo, donde no hay nada chino, pues en el pabellón artesanal todo emerge de las manos de familias que conservan y mejoran las hechuras de sus antepasados.

“Este color se saca de la cáscara de nuez, la hierves junto con la del mezquite y tiñes, sin químicos, la fibra del maguey”, señala Ana Pérez Mendonza, quien desde San Salvador comparte con los visitantes aretes, cepillos, bolsas, monederos y collares elaborados con Ixtle.

Detrás de la mercancía, Ana recibe ofertas, responde dudas y en un espacio de tiempo platica sus planes. “Estamos trabajando con Hidarte de Pachuca, dejamos algunas cosas y participamos. Este año nos dieron el curso de tinta, esperamos el siguiente para seguir innovando”.

Más adelante, los paneles atraen los dedos de los visitantes, quienes miran y señalan sus favoritos. “El papel amate es considerado papel prehispánico de México, tenemos la denominación de origen,  llevamos nueve años trabajando, todo viene de la imaginación, pretendemos registrar los diseños, son propios, no copiamos ninguna iconografía”.

Efraín Daza, de Tulancingp, relata que los mayas usaban el producto vegetal para dejar grabados de su historia y religión en códices. Hoy es rescatado como elemento decorativo en paredes y centros de mesa, así como en forma de lámparas.

Dar la vuelta antes del último pasillo es peligroso. Los aromas antojan a los niños y despiertan a los adultos. “La receta es de mi bisabuela, las materias primas se dan en La Vega de Metztitlán, desde Zoquizoquipan, se da la nuez y producimos chilaca”, dice Reyna Torres.

Para aquellos que aún no pisan esos territorios, los expositores traen su postre más famoso: el jamoncillo. “Se lavan las pepitas hasta que queden blancas, luego se muelen y se prepara con poca azúcar. Se agrega la mitad de piñón o nuez”.

Las ventas van y vienen, pero cada año algún infante degusta por primera vez esas palanquetas y tamarindos, dulce de higo, borrachos o una cocada.

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