Moreira candidato

Cuando se gobierna con excesos, extralimitarse no es notorio, porque toda expresión o disposición es aplaudida

Cuando se gobierna con excesos, extralimitarse no es notorio, porque toda expresión o disposición es aplaudida. Cuando no sucede hay recriminación, sanción o despido. Así, la noción se realidad se convierte en una manera cambiarla de acuerdo a una visión personal, unilateral, con intereses que emanan de una sola persona de escasas inquietudes y pocas alternativas reales de transformación.

Es así como los grupos que, acostumbrados a gobernar autoritariamente hacen de su trabajo un hábito de dar órdenes incuestionables, que se alejan en cada momento de la democracia y se asemejan a la dictadura más feroz irrumpen en una realidad que desconocen.

Desde la perspectiva del poder el derecho que ejercen sobre la voluntad de los demás es un derecho legítimo. El poder monárquico está acostumbrado a ver a los súbditos como menores de edad, como entes de corta inteligencia en el menor de los casos.

La monarquía es la adicción en la que más frecuentemente caen los gobernantes de la actual administración en México y tenemos un ejemplo claro en la propuesta en la que el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, creado en las escuelas represivas de su tutor, Fernando Gutiérrez Barrios, al hacer gala de la impunidad garantizada que tienen los priístas al afirmar que El exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien fue detenido el pasado 15 de enero en España acusado de lavado de dinero y siete días después liberado, buscaría participar en las elecciones estatales de 2017, para convertirse en alcalde de Saltillo. Tiempo suficiente para que la memoria social se haya apagado.

Antes de dejar clara la presunta culpabilidad o inocencia de quien tuviera su mismo cargo al frente del partido en el poder, el actual líder del tricolor anuncia, como si se tratara de un candidato ganador que Humberto Moreira podría competir por la presidencia municipal de Saltillo, Coahuila, entidad que no sólo dejó endeudada sino de la cual se enriqueció y creó todo un reinado para su familia.

Los candidatos del PRI, como algunos otros candidatos de otros partidos, compiten para ganar, pero pocos dan como un hecho que sus abanderados triunfen en las urnas  y, en el caso de Humberto Moreira, Manlio Fabio lo da por ganador.

De hecho la panorámica electoral es propiedad del PRI, a juzgar por la visión del líder nacional de ese partido, quien dijo haber escuchado que Humberto Moreira quiere ser alcalde de Saltillo, pero al preguntarle si le daría su visto bueno respondió: “nosotros no trabajamos sobre hipótesis, sino sobre manifestaciones directas y expresadas dentro del partido”. 

Pero aquí no termina la cátedra de democracia de Manlio: A la pregunta que a si el partido tricolor respalda a Moreira, respondió que no necesita el respaldo de nadie, “solo que se le haga justicia como él lo está buscando en España, y esta resolución habla que él pudo demostrar su inocencia”.

Demostrar la inocencia no es lo mismo que ser inocente. Ahí está el caso de otros priísta Romero Deschamps que está libre por falta de pruebas cuando donó 1,500 millones de pesos a la campaña de Francisco Labastida y el INE lo perdonó, entonces demostró una inocencia en la que nadie cree.

La justicia no es sinónimo de legalidad, ni la falta de pruebas garantía de inocencia, y esto lo sabe de sobra Manlio.


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