Matar periodistas en Veracruz

Javier Duarte, el gobernador del estado lleva 19 periodistas muertos en lo que va de su sexenio

El salario de un reportero en Orizaba o Córdoba apenas rebasa los dos mil pesos al mes. Mientras los dueños de los medios se hacen  millonarios con la explotación  de sus empleados, la sumisión ante el poder estatal y federal y en algunos casos, con sus vínculos con el crimen organizado.

Los egresados de las escuelas de comunicación en Orizaba y Córdoba son muchos cada año. Esta sobredemanda de trabajo es aprovechada por los empleadores para sobreexplotarlos, de tal suerte que los propietarios de los miembros originan, provocan, sugieren crímenes como el perpetrado contra Anabel Flores, que por el simple hecho de haber ocurrido en Veracruz tiene garantizada la impunidad.

Así, los medios en Orizaba, Córdoba y el resto del estado tienen una artimaña para escapar de las sospechas de sus amigos, colegas, conocidos dentro de las filas del crimen organizado y consiste en vincular a las víctimas de estos asesinatos con los delincuentes. De esta manera evitan responsabilidades laborales con las familias de las víctimas que no saben a quién creerle, y por el otro garantizan su impunidad y alejan cualquier sospecha de tener, ellos sí, vínculos con el narcotráfico.

Por otra parte, Javier Duarte, el gobernador del estado que lleva 19 periodistas muertos en lo que va de su sexenio, y todavía no acaba, debe sentirse culpable de la derrota de su partido en las elecciones del 5 de junio, porque cada muerte de un periodista en Veracruz son menos votos para el PRI, que nunca ha amonestado, regañado, despedido, exigido a Duarte que evite este tipo de barbarie. 

Para empezar, debe sancionarse a los medios que no paguen el mínimo profesional a sus reporteros, quienes al tener tan poco dinero por su esfuerzo de un promedio de 18 horas de trabajo, deben tener dos o más ocupaciones laborales, y algunas de ellas, consciente o inconscientemente, están vinculadas al narcotráfico que ha permeado n gran número de actividades en Veracruz, con la anuencia o desconocimiento de Javier Duarte.

Es decir, Duarte, por muy alejado que esté de la intención de asesinar a periodistas, tiene responsabilidades claras y que no son mínimas. Pero ante esta realidad que a veces acusa complicidad, ningún priísta cuestiona la pasividad o indiferencia de Duarte ante la exigencia social del estado, del país y de la comunidad internacional para aclarar los homicidios de periodistas.

El PRI ni siquiera ha mostrado una postura clara respecto a los asesinatos de periodistas en Veracruz, el gobierno federal se limita a lamentar los hechos y a prometer solución que nunca llega, porque de los 19 asesinatos de periodistas n hay un solo detenido.

El PRI cubre a sus correligionarios, incluso en la víspera de elecciones a pesar de las consecuencias que esto implica. Hay estados gobernados por priístas que lejos de ser sancionados son premiados. El mismo día que desapareció Anabel Flores, el presidente del a República y el secretario de Educación visitaban Veracruz, todos sonriendo. Esto invita a, por lo menos, negarles el voto. 

 Hay muchos culpables de la muerte de los 19 periodistas, algunos más que otros, cómo saberlo sin investigación de por medio. Desde el empleador de reporteros con salarios de hambre hasta el que dispara el tiro de gracia.

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