Los sinsabores de las elecciones pasadas

El tricolor fue repudiado en la capital del estado y su zona conurbada

Por: Elsa Ángeles

Los resultados en el pasado proceso electoral en Hidalgo han dejado muchos sinsabores. Hay datos, hechos y decisiones que deben ser desmenuzados poco a poco para un análisis más profundo que permita dos cosas importantes: aprender de los errores y prever las tendencias para la siguiente contienda. En el mejor de los casos, pero sin duda el más remoto, esta información debería servir para que los partidos políticos reflexionen sobre el descrédito tan grave que tienen frente a la sociedad.

De acuerdo con las cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), esta elección salió muy cara para las y los hidalguenses por varios factores: el aumento al presupuesto para el Instituto Estatal Electoral (IEEH) y las prerrogativas a los partidos en 30 por ciento, el tope de campaña para candidatos a gobernador se impuso en 22 millones de pesos, cifra que oficialmente reportarán pero atrás habrá una cifra oscura de otros tantos millones que no sabremos su origen.

Además, de acuerdo con una investigación del instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, la entidad estuvo entre los cinco estados con los comicios más caros, pues la elección a gobernador, diputados locales y presidentes municipales contó con un presupuesto de 354 millones de pesos, esa cifra dividida entre la lista nominal de poco más de 2 millones 27 mil electores, arroja para cada voto un costo de 178 pesos.

Pero en la elección a gobernador participaron menos del 60 por ciento de los electores, para diputados osciló entre el 31 y 42 por ciento, y para presidentes municipales que históricamente había un mayor interés, el máximo fue de 45 pero el mínimo se registró en Tizayuca con 27 por ciento de participación. Así que, en términos generales, el costo de cada voto en Hidalgo, por lo menos, se duplicó.

Otro aspecto relevante fue el voto de castigo para el PRI. Si el presidente Enrique Peña Nieto, semanas antes de la elección, intentó minimizar el descontento social generalizado en el país, los resultados electorales en 13 entidades del país le respondieron con un bofetón en la cara porque su partido apenas pudo retener seis estados y perdió frente al PAN en 7, entre ellos Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo.

En el caso de Hidalgo, aun cuando el priista Omar Fayad ganó, no la tuvo fácil y el panista Francisco Xavier Berganza le pisó los talones; pero, lo más importante, nuevamente el tricolor fue repudiado en la capital del estado y su zona conurbada.

En una revisión rápida de los resultados, el PRI ganó de manera contundente en municipios con mayor pobreza y alto abstencionismo, pero no así en centros urbanos y con mayor participación; aunque un caso excepcional y preocupante fue Tula, ya que tras la serie de feminicidios en 2013, esa ciudad registró una alta participación social y actualmente viven bajo la desastrosa administración de Jaime Allende, a pesar de eso, en este ejercicio solo salió a votar uno de cada tres ciudadanos.

Por un lado, parece alentador y positivo que el próximo gobernador priista Omar Fayad tenga que lidiar con alcaldes de muy diversos colores partidistas, pero, al revisar la trayectoria de algunos de ellos, resulta que no son verdadera oposición y al parecer solo se pintaron de color distinto para fragmentar el voto y responden directamente a los intereses del mismo grupo en el poder desde hace varios sexenios.

Por otro lado, las y los panistas no tienen mucho qué festejar pues sus triunfos no son por mérito propio pues fueron beneficiados por el voto de castigo, y es muy probable que miles de ciudadanos y ciudadanas le apostaron a una opción real para evitar al PRI, pero sin que necesariamente estuviera convencido.

Su candidato a gobernador, Francisco Xavier, no sudó ni se despeinó en esta campaña, solo atacó sin ética ni principios constitucionales, y espero que eso no haya influido en la cifra de votos alcanzados.

Por último, en lo personal, me preocupa que el estado de Hidalgo se pinte de azul porque aun cuando tengo amigas panistas que quiero y admiro por su rectitud política, entre ellas Irma Chávez, y reconozco las cualidades humanas de Yolanda Tellería y Gloria Romero, el conservadurismo del PAN no significa ningún progreso para sus habitantes, especialmente para combatir problemas tan graves como el embarazo en adolescentes, la violencia contra mujeres o alcanzar el derecho de los matrimonios igualitarios.

 

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