Los burreros, peones del narcotráfico

Los burreros, peones del narcotráfico

El 90 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos proviene de territorio mexicano. México también es el principal proveedor de mariguana y metanfetaminas

Adrián Díaz Yanez l The Exodo

Por el suelo seco y blanquizco caminan y dejan su huella marcada por varios kilómetros. Hombres empapados de pies a cabeza por largas exposiciones al sol que penetra y quema la piel hasta adquirir tonos más oscuros, lo que les provoca unas ganas insaciables por beber unas cuantas gotas de algún líquido fresco.

Cargan una bolsa en mano para sobrevivir la travesía que representa el recorrido. En una, latas de atún se aglomeran unas sobre las otras; en la otra, se encuentra el líquido vital para sobrevivir los más de 40 grados centígrados que alcanza la temperatura en el Gran Desierto de Altar.

La mochila que les va encorvando el lomo trae el motivo de sus viajes: un cuadrado tridimensional resguardado por papel aluminio y forrado con papel elástico transparente. En el núcleo del empaquetado va la hierba prensada. Son entre 20 y 23 kilos, aproximadamente, por dos paquetes de estupefacientes.

Saúl, un joven veinteañero y universitario de Sonora, llegó a probar su suerte en el narcomenudeo, comprando mariguana en México, para exportarla a Estados Unidos.

Fue a sus 16 años cuando por primera ocasión llegó a enviar un paquete. El esposo de su hermana le obsequió uno de sus productos de cinco kilos por su cumpleaños. Saúl, sin pensarlo dos veces, decidió entrar en este “juego de azar”.

El regalo, con un valor aproximado a los 5 mil pesos, se transformó en 2 mil dólares netos. Libres de deudas con los guías, quienes se encargan de llevar a los burreros a la zona prometida, y cobran 200 dólares por libra, aproximadamente.

Pantalones de 400 dólares, playeras de 120 y zapatos de 300, lo enfundaban al salir de casa. Lujos que anteriormente no veía, se volvían una realidad y no un anhelo. “Estaba morro, no sabía qué pedo. No estaba tan maduro, pensaba como un chamaco”, se lamenta.

El 90 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos proviene de territorio mexicano. México también es el principal proveedor de mariguana y metanfetaminas en EU.

 

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De los 4 mil pesos que se les pagan para viáticos, son aproximadamente 2 mil los que deja el burrero en su hogar. Y se retira de él con la bendición en la frente y un poco de comida para el recorrido de 15 a 20 días que está por hacer.

Arroyos con agua furiosa, fuertes lluvias o el calor deshidratante, son las causas naturales por las que llegan a posponer sus trayectos. En otras ocasiones, militares mexicanos y elementos de la Border Patrol les propician la suspensión de labores. Esconden la mariguana en algún lugar. Regresan para retomar el camino.

Al llegar a Estados Unidos el viaje luce más cercano para arrebatarle de sus manos los 500 o mil 800 dólares –según el trayecto– a los que manejan el negocio desde la comodidad. No obstante, aún hay un obstáculo por pasar: los caza recompensas, conocidos como “bajadores”. Estos mercenarios son aquellos que se mantienen cerca de la frontera del lado de los gringos para saquear a los burreros y quitarles sus tesoros, cual piratas a los navegantes.

Como bien puede ser efectivo el traslado de la mercancía a Estados Unidos, igual puede no resultar.

“Mandas tu paquete y mientras está en su trayecto estás pensando dónde irá, cuándo llegará. Se te quita el hambre. Se te espanta el sueño. Estás al pendiente del teléfono a que te digan algo. Te estresas. Y muchas veces lo haces en vano porque no llega a su destino. Estás rezando y a expensas de que no llegue o te tuerzan”.

Aparte de la incertidumbre de si llega o no, lo más importante y temeroso, dice Saúl, es que “estás rodeado de gente armada. Siempre los hay en el proceso. Y se supone que ellos son los que te cuidan”.

El ganar el dinero fácil no representa la comodidad total, expresa Saúl, ya que uno está siempre relacionándose con gente que te ve con desconfianza. El ambiente se pone tenso e incómodo. No se llega a sentir seguro en el momento, da miedo estar entre ellos porque “hay que cuidar lo que hagas y digas o te hacen algo”, remató como si no estuviera alarmado de recibir una golpiza o incluso una atrocidad.

 

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El burrero va con el alma en mano pues su destino puede depararle un final fatalista. Una aprehensión por parte de policías en Estados Unidos; entregas que terminan en desapariciones o en cuerpos bañados en sangre, así como muerte por deshidratación, son siempre una posibilidad para estos peones del narcotráfico.

Hay historias de “sin nombres” que perdieron la vida por desorientarse en el camino y transitar por territorios ajenos a los patrones. Cuando esto sucede, les parten el lomo a punta de machetazos y les hacen pequeños orificios en el cráneo. Pocos logran sobrevivir. El mensaje que dejan con esta barbarie es claro: no te metas en nuestro territorio.

 

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Después de haber recibido 5 mil dólares totales por una entrega, Saúl decidió dejar correr su suerte en el juego. Se fue all in en su próxima inversión.

Por medio de un sistema de radios y celulares se comunicaba con sus camaradas para saber por dónde había zona libre. “Siempre que veía a un oficial me daba miedo. Sentía como si me anduvieran siguiendo”.

“Tenía que levantarme temprano para dejar los paquetes y evitar policías y al Ejército”, explica Saúl.

Saúl quería abrir un negocio con el dinero que volvería de la entrega. Para bien o para mal, el mensaje que le arruinó todo le llegaría pronto.

Sus burreros habían sido capturados, o al menos así se lo informaron. Y fue así como todo su dinero se fue con su mercancía para ya nunca más volver.

“Vivía en una pequeña burbuja. Al final fue decepción total. Me ganó el deseo del dinero”, agrega el joven, quien confesó que vivía estresado después de su infortunio.

“No te digo que fui un gran narcotraficante ni mucho menos, pero le hice la luchita”, finalizó Saúl aparentando el arrepentimiento de un joven que probó su suerte en el ambiente narco por gusto propio y no por necesidad económica.

www.theexodo.com.

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