La Pocha Nostra en el Cervantino

La Pocha Nostra en el Cervantino

Presentará el performance “De la locura al idealismo”

El performancero Guillermo Gómez Peña, al frente de su colectivo La Pocha Nostra, llegó a esta ciudad para “regar su veneno”, arrastrando a su vorágine a un grupo de artistas que, reconoce, “podrían haber hecho algo mejor de su vida y con su talento”.

Gómez, de talento indiscutible, encabeza La Pocha Nostra, colectivo que está por tercera vez en persona, y por sexta con obra en el Festival Internacional Cervantino (FIC), que en su edición 44, va del 2 al 23 de este mes.

Gómez Peña presentará el performance “De la locura al idealismo” pero desde hace dos semanas llegó para dar un taller de arte vivo con 25 artistas de siete países, incluyendo a seis guanajuatenses.

Quejumbres, dijo que aunque no está en el Teatro Principal ni en el programa general del FIC, se siente bien. Su espacio de trabajo ha sido el Centro Cultural y Deportivo del ISSSTE. Ahí, se congratuló, convivió con gente sin oportunidades de acceder a los recintos del festival.

No tiene apoyo técnico, porque eso es para los proyectos realmente importantes, empero, recordó, se encontró con viejos y nuevos amigos en las calles, quienes se sorprendieron con su presencia.

Estas dos semanas, señaló, llevaron a cabo un performance para cientos de personas en el bar “La inundación de 2005”, ocho intervenciones performanceras en plazas públicas, sesiones de fotoperformances, diseño de postales, instalaciones humanas y videotuits, sin apoyo de nadie.

Gómez Peña camina por la calle y la gente lo identifica y se le acerca con cariño. Es un performancero como pocos en México y como sólo hay algunos en donde vive, entre San Diego y Tijuana, en Estados Unidos.

Su trabajo ha sido reconocido en diferentes naciones alrededor del mundo, a pesar de que hay quien lo mira como el mariachi borracho de la fiesta. Es un artista crítico con todas las de la ley.

Lo anterior incluye que cree en la libertad de expresión, en la experimentación radical y su trabajo es hacer su arte a pesar de negaciones, maltratos y su invisibilidad ante los conservadores, para quienes les gusta la ópera, el ballet o las orquestas sinfónicas.

“Las artes visuales, en todo el mundo, incluyen el video, la instalación, el arte conceptual y el performance, y son consideradas críticas y rojillas”, dijo.

El enorme performancero mexicano por antonomasia dijo a Notimex que seguramente, los “mochos” y los conservadores estéticos lo ven, a él y a su colectivo de artistas, como al mismo demonio. “Afortunadamente la ciudad de Guanajuato y nuestros amigos de Artes Visuales del ISSSTE, nos adoran. Y tenemos conexiones con comunidades de artistas, estudiantes y maestros en esta entidad”.

Asistente a prácticamente todos los festivales culturales alrededor del mundo, se quejó (otra vez) de que la mayoría son, por ser tan globalizados, extremadamente jerárquicos, extremadamente conservadores y, por lo mismo, “tratan a los artistas visuales críticos y a los artistas de performance como una presencia necesaria pero a la vez incómoda y desagradable; somos la pornografía del arte contemporáneo”, consideró.

Cabe señalar que este año, el eje temático del FIC es “De la locura al idealismo”. A partir de eso, con toda generosidad pero con espíritu crítico, Gómez Peña se pregunta cómo un festival que se dice internacional y con ese slogan, “no incluye apropiadamente y con verdadera hospitalidad a los artistas del performance que hacen la crónica del aquí y del ahora, de la cultura actual y de la migración”.

Entonces, ¿qué hace La Pocha Nostra aquí, donde aparentemente no se requiere, ni es bien recibida? Gómez Peña: “No estamos aquí porque nos gusten los festivales cremosos, de hecho, tienden a ser pretenciosos y aburridos.

Estamos aquí porque tenemos un compromiso con la descentralización de las artes experimentales y cuando venimos a México, lo hacemos por las puertas laterales de los otros Méxicos”, subrayó.

Habló del área más crítica del FIC, la de Artes visuales, a la que calificó como la más internacional y politizada. “No estamos aquí para hacer buen arte, sino para crear arte idealista y utópico en el sentido de que es un arte que se da a pesar de todo y en contra de todo, rasposo. Reconocemos que ser idealista y utópico es estar en contra de indiferencias, presupuestos mínimos y estereotipos”, dijo.

Sabe que generalmente se le ve a él y a quienes comparten su arte como problemáticos, escandalosos, abiertamente rebeldes, hedonistas e hipersexualizados, cuando en realidad, su trabajo es romper con todos esos estereotipos y mitos.

“Claro que somos un poco de todo eso, pero no por las razones que se cree, sino porque desconfiamos de toda autoridad, religiosa, política, académica y artística”.

Esa es la función del arte, cuestionar. La Pocha Nostra va a festivales internacionales en todo el mundo y la constante, lo sabe por experiencia, es que al performancero se le invita pero lo dejan solo, es relegado a escenarios y horarios inconvenientes, no se le invita a cenas de gala y nada más se le llama para hacer más sexy el festival y para decir que hay diálogo con la disidencia estética.

Su presencia, dijo, sirve para satisfacer a los curiosos del circo artístico, a los hípster bohemios, a los cazadores de diferencia extrema, y se les invisibiliza y no se promueven sus eventos.

“Somos las criaturas exóticas del arte y como tales tratan de mantenernos en nuestras jaulas, somos el chivo expiatorio si algo sale mal por ser irresponsable, bohemio y malhecho, alegre y por practicar la democracia artística”.

Guillermo Gómez Peña siempre termina haciendo amistad con electricistas, personal de apoyo, el señor de los tacos y la peinadora, quienes lo apoyan de manera personal y extraordinaria.

Gracias a ellos y a la autogestión, la gente llega a sus espectáculos, en cantidad de público realmente decorosa, llueva o truene. Así, los performanceros en cuestión tienen listo su espectáculo para hoy en la noche.

Notimex

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