La Costumbre del Poder: Militares suicidas

La Costumbre del Poder: Militares suicidas

Todo miembro de la Marina o del Ejército es formado en el orgullo del uniforme, del servicio a la patria (aunque hoy el concepto para los políticos sea una entelequia), así que mancharlo con el suicidio debe ser por motivos que nos trascienden, pero también nos atemorizan


Por: Gregorio Ortega Molina

Toda decisión política tiene consecuencias que, en el tiempo, trascienden a quien o quienes las toman; los efectos benéficos jamás se agradecen, mientras que los negativos adquieren dimensión de tragedia histórica, permanecen en el imaginario nacional e internacional.

Ahora resulta que, de acuerdo a nota de El Universal, la decisión de El hijo desobediente arroja daños insospechados. Informan:

LA GUERRA QUE DETONÓ SUICIDIOS DE MILITARES: Un daño colateral de la guerra contra el narco puede observarse en los 110 militares de la Sedena que se suicidaron [5 del sexo femenino y 105 masculino] del 1 de diciembre de 2006 al 31 de diciembre de 2016, en donde la Ciudad de México, Estado de México y Guerrero están a la cabeza, con 46 suicidios, de acuerdo con varias solicitudes de información obtenidas vía Transparencia, en poder de EL UNIVERSAL.

En 2006 ningún soldado se quitó la vida, y, tras anunciarse el inicio de la guerra contra los cárteles de la droga, se mantiene un ritmo promedio de 11 suicidios al año, salvo en 2012, cuando 19 castrenses se suicidaron: 2006 con 0; 2007 con 15; 2008 con 10; 2009 con 14; 2010 con 15; 2011 con 17; 2012 con 19; 2013 con 15; 2014 con 2; 2015 con 1; 2016 con 2.

Meditar sobre las razones que los orillaron a quitarse la vida, me obligó a una rápida relectura de El mito de Sísifo, donde Albert Camus inicia con luz deslumbrante su reflexión: “Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio: es el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida, es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.

Complemento mis observaciones con el conocimiento de que los suicidios entre niños y adolescentes se incrementan, por lo que me pregunto qué pasa en México y en el mundo, que no pocos toman la determinación de dejar de vivir, de no ser, de borrarse ellos mismos.

¿Cuál es la diferencia -¿y la distancia cultural?– entre la Francia y la Europa que condujeron a Camus a ese acierto, con lo que hoy sucede en México y en América, como para impulsar a militares -cuyos hábitos al riesgo de perder la vida se aprenden con el entrenamiento y nacen con su decisión de vivir así- al suicidio? ¿Dejaron mensajes que lo aclaren? Los motivó el miedo.

En la Francia de Camus la tortura era un hecho inocultable, como lo es hoy en México, aunque las desapariciones, los secuestros, la violencia entre sicarios y FFAA, los moditos de matar para provocar miedo, exceden lo que antes sucedía, incluso con lo que sucedió recientemente en Irak, pues si los ejércitos privados humillaron y mataron fuera de todo acuerdo internacional, lo que aquí se hace de uno y otro lado obliga, de alguna manera, a algunos militares a cuestionarse sobre la manera en que quieren vivir su vida castrense.

¿Y si esos suicidios ocultan otra realidad? La vida militar no es fácil; supongo que confrontarse cotidianamente con el enemigo en una guerra interna, muy próxima a una contienda civil, la hace menos llevadera, la puede tornar en insoportable, o casi.

Todo miembro de la Marina o del Ejército es formado en el orgullo del uniforme, del servicio a la patria (aunque hoy el concepto, para los políticos, sea una entelequia), así que mancharlo con el suicidio, debe ser por motivos que nos trascienden, pero también nos atemorizan.

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