Historias de abusos en la visita del papa

Nadie habla de la escasa presencia de “fieles” en las vallas por donde pasa el distinguido visitante

Hay miles de historias detrás de la visita del papa a México, pero no  las van a contar  los medios de comunicación masiva, ni electrónicos, ni impresos, por la simple y sencilla razón de que hacerlo daría al traste con su negocio.

Por eso nadie habla de la escasa presencia de “fieles” en las vallas por donde pasa el distinguido visitante.

Tampoco se reseña la forma en que son sobreexplotados los servidores públicos, obligados a acudir a las vallas so pena de ser despedidos o por lo menos sancionados, económicamente.

Muchos menos se informa de las manifestaciones de mucha gente que no está de acuerdo con  la visita del Jefe del Estado Vaticano, quien tal vez ni siquiera se ha enterado de que a su paso algunas mujeres se desnudan el torso, para protestar.

Ni que decir de los pobres policías, tanto de la ciudad de México, como de todas entidades, que tienen que aguantar jornadas corroídas de tres o hasta cuatro días, durmiendo a la intemperie, comiendo una torta y un refresco, para no perder el trabajo.

En donde se si ha podido enterar mucha gente es en las redes sociales, donde el que tiene acceso, puede constatar que ahí hay información sin censura, gozando de una gran apertura.

Los que entienden de logística atribuyen a  los operativos excesivos, montados por el Estado Mayor Presidencial, valiéndose del Ejército, la Armada y la Policía Federal, la que hay ahuyentado a la población, que ya no se conforma con ver pasar el Papa-Móvil a 80 kilómetros por hora, o peor aún, un automóvil a toda velocidad.

Lamentablemente esto ocurrió en todo los sitios que visito el papa, es decir, no solo en la ciudad de México, también en Ecatepec, en Chiapas y no creemos que sea diferente en Michoacán y Ciudad Juárez, pues el diseño de los dispositivos de seguridad fueron hechos por el Estado Mayor Presidencial, en todo el país.

Lo que más caló en el ánimo de la sociedad, fue que a los policías, uniformados y de investigación de la ciudad de México, hayan sido acuartelados los seis días que duró la visita y los haya tenido a pan y agua, pero solo la tropa, pues los mandos sí disfrutaron la visita del papa.

EL PULSO

“Peregrino del señor, soy el doctor José Manuel Mireles Valverde, preso en Hermosillo Sonora desde junio del 2014,soy autodefensa, humildemente pido vuestra intervención hacia el Gobierno Federal mexicano para que se restablezca el estado de derecho, la seguridad y la justicia en el estado de Michoacán, mi estado.

Santo padre, más de 380 autodefensas estamos en prisión, más de 500 familias completas están en el panteón y más de 2800 familias también completas, cambiaron de nación.

En esos tiempos, el padre Goyo del Obispado de Apatzingán cuantificó 2500 viudas y 4900 huérfanos, en la Tierra Caliente de Michoacán, tierra en la que fluye leche y miel.

Santo Padre, peregrino del señor, nosotros, el pueblo de Michoacán, cansados ya de andar recogiendo bolsas negras con los despojos de nuestros familiares y amigos, de cerros, huertas y barrancas, durante más de 12 años y sin que ninguna autoridad interviniera en nuestro auxilio, a pesar de denuncias y demandas; decidimos levantar las manos y la voz, apegados a los derechos universales de la legítima defensa y logramos erradicar, en su momento, el crimen en gran parte de nuestro estado, acabando con los secuestros, las ejecuciones y toda clase de violaciones y entonces salieron los decretos contra los que nos defendíamos los autodefensas”.

Este es un fragmento de la carta que envió José Manuel Mireles al papa Francisco y aún no ha recibido respuesta y como dice Don Teofilito, tal vez ni la tendrá.

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