Don Jorge, el jornalero transfronterizo que alimenta a Trump

Don Jorge, el jornalero transfronterizo que alimenta a Trump

“Si nosotros no sembramos y cosechamos sus campos, nadie lo va hacer en Estados Unidos. Ya quiero ver que con su pinche muro, él y su raza se mueren de hambre en unos meses”

Por: Luis Carlos Rodríguez González / The Exodo

Calexico, California.- Hoy fue un mal día para Don Jorge. Espera paciente a que se descuide el encargado de “Jack in the Box”, donde venden hamburguesas y sodas, para poder rellenar de refresco y hielo un viejo vaso de plástico, obviamente sin pagar y con ello soportar unas horas más la espera en busca del “jale” o trabajo en esta zona fronteriza y desértica de Estados Unidos.

Don Jorge inicia su jornada a las 2 de la mañana todos los días para cruzar la frontera entre Mexicali y Calexico en busca de ser enganchado y trabajar cada día como jornalero agrícola en el llamado “Valle Imperial” del condado de El Centro en California a temperaturas superiores a los 45 grados.

A sus 60 años de edad, casi todos dedicados al trabajo en los campos estadunidenses, es parte del ejército de entre 12 mil y 13 mil jornaleros agrícolas mexicanos que cruzan legalmente la frontera prácticamente todos los días del año en busca de trabajo en la siembra, cultivo y cosecha de lechuga, brócoli, coliflor, higo, cebolla, zanahoria, apio y tomate.

La garita Mexicali-Calexico tiene una gran actividad desde las 2:00 de la mañana ya este ejército de campesinos transfronterizos buscan estar temprano para ser elegidos por los contratistas o enganchadores que los llevaron a unas 30 millas de Calexico en autobuses y camionetas, donde ganarán entre 8 y 10 dólares la hora, en jornadas que en ocasiones sobrepasan las 10 horas.

Es una escena incomoda aún para quien sólo busca hacer una crónica de una jornada laboral de los migrantes. Como en una especie de pasarela, los jornaleros levantan las manos, corren detrás de las trocas o camionetas de los contratistas, por momentos hasta gritan o hasta suplican. Es una especie de mercado humano, donde los más fuertes obtienen el empleo. Los más viejos, quedan en espera en alguna esquina de Calexico.

Don Jorge tiene su mica verde y la presume. “Desde hace 18 años estoy arreglado”, lo cual le permite ser un jornalero transfronterizo, que no tiene que huir de la Border Patrol, ni estar a expensas de los riesgos de “coyotes” o de cruzar por el desierto y morir en el intento como les ocurre cada año a cientos de mexicanos.

“Nosotros somos las manos que da de comer a miles de gringos, a miles de gente. Damos de tragar a Donald Trump y a toda su raza. A todos los güeros que nos tratan de delincuentes. En sus ensaladas, en sus frutas, en todo lo que venden en sus supermercados. Ahí está nuestro trabajo, el trabajo mío y de miles de mexicanos que nos partimos la madre todos los días para alimentarlos”, señala molesto mientras lee la primera plana del diario “El Sol del Valle Imperial” en nota del magnate y candidato republicano.

“Si nosotros no sembramos y cosechamos sus campos, nadie lo va hacer en Estados Unidos. Ya quiero ver que con su pinche muro, él y su raza se mueren de hambre en unos meses”, apunta mientras da un sorbo al popote del vaso negro con refresco.

De manos ásperas y piel requemada, todos los días a las dos de la mañana cruza la garita para estar listo cerca del restaurante “Jack in the Box”, en Calexico, ahí pegadito a la garita en espera de “jale” en “field” como dice él. “Es una buena chinga. Levantarte cuando muchos apenas se están acostando y aguantar 8 0 10 horas bajo el sol, el frío o la lluvia, que siempre es extremoso aquí”.

“He trabajado sembrando y cosechando por más de 35 años. Lo mismo melón, cebollín, espárragos, sandia y últimamente higos. Pero hoy no hubo suerte, cada día hay menos trabajo para los más viejos”, indica con resignación después de esperar hasta el mediodía sin ser contratado.

De acuerdo con Francisco Márquez, Director de la Oficina de Entrenamiento del Valle Imperial, en el Condado de El Centro, California, diariamente laboran en los campos de esta región alrededor de 20 mil jornaleros agrícolas, de los cuales se calcula que entre 60 y 65 por ciento, es decir unos 12 mil, vienen diariamente desde Mexicali.

Asegura que esos 12 mil mexicalenses cuentan con sus visas de trabajo para cruzar todos los días la frontera entre los dos países y dijo desconocer el número de los mexicanos que laboran en estos campos californianos en calidad de indocumentados. “Esos datos no los conozco, ni le corresponde a esta oficina investigarlos”.

El Imperial Valley, un desierto convertido por la mano de obra mexicana y la ingeniería hidráulica en un vergel agrícola, reporta una de las tasas de desempleo más altas de Estados Unidos. Pero depende de la mano de obra mexicana para trabajar los campos, ya que los nativos de esta zona no quieren trabajar en las cosechas por un pago de 8 o 10 dólares la hora, a temperaturas que en ocasiones rozan los 50 grados en verano.

Las cosechas de vegetales en Imperial Valley van a parar a casi todos los supermercados de todo Estados Unidos, por tal razón, la mano de obra inmigrante es vital en esta ciudad de California.

Desde las 3:00 de la mañana en las esquinas de Calexico, sobre todo cerca de la garita con Mexicali, hay un gran movimiento de vehículos que buscan trabajadores inmigrantes para llevarlos a los campos agrícolas.

En algunos casos, estos migrantes se quedan laborando por varios días y luego regresan a Mexicali. Otros como Don Jorge, van y regresan todos los días a sus hogares en suelo mexicano.

“Cuando hay mucho trabajo te pagan los 8 o 9 dólares la hora, pero ahorita, que casi no hay jale, te ofrecen hasta 4 o 5 dólares. “Es muy pesado trabajar ocho horas o más a pleno rayo del sol, a 40 o 45 grados de temperatura, pero no hay de otra, es la única forma de sobrevivir en México, los salarios mexicanos están peor, 100 pesos todo el día como albañil o en una maquiladora. Quién vive con eso”, cuestiona el experimentado jornalero.

Son las 12 del día. La espera terminó para el viejo campesino trasfronterizo. “Cada vez es más difícil. Contratan a los morrillos de 18 o 20 años. A los viejos como yo nos dicen que ya no rendimos. Esa es la ley de la vida”, comenta mientras cruza la puerta de metal giratoria de la garita de regresó a Calexico, al México que nunca le ha dado un empleo digno.

www.theexodo.com

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