El otro dato: Viejos políticos vuelven a la arena

El otro dato: Viejos políticos vuelven a la arena

Por: Juan Chávez

Para armar la Constitución de la Ciudad de México, la Asamblea Constituyente echó mano de los más viejos políticos que encontró.

Ese es el caso de Augusto Gómez Villanueva que se mantenía alejado de la polaca desde hace casi tres décadas luego de haber regresado de Roma, a donde López Portillo lo “extraditó” como embajador.

Gómez Villanueva vivió sus mejores tiempos en el sexenio de Luis Echeverría donde empezó como jefe del entonces Departamento de Asuntos Agrarios y logró elevarlo a secretaría de Estado.

Con él estuve en los actos más importantes que se desarrollaron en las áreas ejidales del país y tuve serias controversias por no estar de acuerdo con la política agraria de Echeverría.

En Cancún, en diciembre de 1970, por ejemplo, pregunté a LEA porqué en el proyecto turístico que estaba presentando a la prensa en la isla donde solo había siembras en los ejidos, no incorporaba a los campesinos como socios del “nuevo y mejor Acapulco”.

“Ellos aportan el capital más valioso que es la tierra”, le reproche al presidente que soltaba rollos llenos de abstracciones pero no respondía a la pregunta reporteril.

Al insistir en mis cuestionamientos hice notar al mandatario que, como en el caso de Acapulco, en Cancún “habrá dos Cancún, uno rico y próspero y otro sumido en las miserias peores a las que enfrentaban en las empobrecidas tierras que la Revolución les entregó”.

El caso de Acapulco se repetiría en la isla. Y así fue, expropiada sus tierras, los campesinos le entraron a la albañilería para erigir la moderna hotelería, las calles, los lujosos restoranes, y modernos centros comerciales. Construir pues el nuevo Cancún sobre las que fueron sus tierras.

“Quieres que en el campo surja la gerontocracia”, me soltó Augusto luego de haber logrado separarme de la “improvisada” rueda de prensa en la solitaria isla.

“Llámale como quieras”, le respondí. “Lo que busco es justicia para ese campesinado que vive mal de lo que los eriales no le dan en la medida de un mediano bienestar”.

Pero en mis esfuerzos porque los ejidatarios al aportar sus tierras al desarrollo del progreso se conviertan en socios de los proyectos que los gobiernos han ejecutado y ejecutan, se perdió. Quedó en la misma isla que ya no es tal: el lujoso puente que la une al macizo continental le convirtió en península.

Ahora, en los extensos terrenos del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México que se construye sucedió lo mismo.

Los terrenos donde se planea construir el NAICM no serán comprados ni expropiados pues ya pertenecen al gobierno federal, luego de que los mismos ejidatarios de la zona votaron en Asamblea General a favor de cambiar el dominio de la tierra”, aseguró en septiembre de 2014 el entonces secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Carlos Ramírez Marín, ahora flamante diputado del PRI.

De nueva cuenta, los ejidatarios fueron dejados a la vera de la monstruosa obra y si acaso se les ha ofrecido empleo en las fastuosas instalaciones de la nueva terminal aérea.

Gómez Villanueva, por lo pronto, como decano de la Constituyente dirige los debates en la conformación del documento que se espera, por su experiencia, no resulte un mamotreto y que en verdad produzca los alcances jurídicos que la urbe reclama para contar con un orden que no vaya aplastar el protocolo de Cambio Climático de París que el Senado acaba de aprobar.

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