Crece el abstencionismo

Los priistas le apuestan al voto duro de su partido para sacar adelante las elecciones en trece estados de la República

Cuando el abstencionismo se apodera de los resultados electorales ante el desencanto de figuras como el INE, los priistas le apuestan al voto duro de su partido para sacar adelante las elecciones en trece estados de la República este año.

Las coaliciones se conforman por dos partidos políticos en decadencia como lo son el PAN y el PRD, cuyos militantes y simpatizantes ni siquiera están interesados en apoyar a sus candidatos, simplemente son indiferentes no sólo a las elecciones sino a sus resultados.

La estructura del poder extiende sus dominios hacia el partido y crea expectativas de triunfo no de mayorías sino de votantes. La motivación de los priistas por el emitir su derecho al sufragio radica en la posibilidad de obtener algo personal del puesto al que pudiera aproximarse el votante, pero no tiene la intención de servir sino de servirse de esa cercanía al poder.

Los votantes del PRI, su voto duro, no está convencido delas bondades de sus partido, está convencido delas bondades del poder. No cree en sus líderes confía en la fuerza de sus  funcionarios.

En cambio quienes, en su momento confiaron e n la oposición están desencantados desde la firma del Pacto por México y sus consecuencias que arrojaron como el gran triunfo la aprobación de las reformas estructurales que pareciera que todavía no entran en operaciones o sus consecuencias son imperceptibles, por mucho que quieran forzar rebajas y descuentos en los precios de los energéticos. Todos sabemos que el precio del barril de crudo, a menos de su costo, puede hundir en la bancarrota a México, con todo y su reforma energética.

Los partidos políticos hacen u deshacen sus estatutos al antojo de sus cúpulas, las mascaradas circenses en el PRD, donde toma posesión un líder nacional a sólo unos meses de haberse afiliado y luego, por berrinche renuncia y luego vuelve a incorporarse para que acepten las alianzas electorales con su antagónico el PAN, son un ejemplo burdo de una política donde sólo algunos cuantos toman parte.

La militancia de la oposición, a diferencia de quienes están afiliados al PRI, creen en sus partidos pero desconfían de sus líderes y de su fuerza. No creen en las elecciones ni en su árbitro el INE, ven diluida la fuerza opositora y fortalecida la similitud con el partido en el poder.

Así, el partido que pertenezca al poder federal será el único que pueda contar con un voto duro real y, al mismo tiempo, buscar dentro de la estructura del poder una fuerza social o individual que pueda acercarlos al poder que impulsa para presionar sobre necesidades, inquietudes y caprichos.

El abstencionismo se asoma triunfante desde ahora ante candidatos que lo único que tiene que hacer es trabajar con el voto duro de la población priista para que desde esa plataforma social haya labor de convencimiento entre la gente indecisa.

Quienes habitualmente votan por la oposición lo harán por algún partido nuevo aunque tengan su credencial de algún partido o bien permanecerán en sus casas esperando el nivel de legitimidad de los candidatos triunfantes cuya hegemonía es tan débil que puede echar abajo cualquier protesta social, antes o después de su toma de posesión.

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