Corrupción y apetitos del poder

Quien conoce a Manlio no debe dudar de esa rígida, estricta y hasta draconiana disciplina política que lo ha llevado a ser actor de situaciones delicadas

De lo declarado por Manlio Fabio Beltrones a un grupo de columnistas de pedigrí, con los que comió apenas y se alzó con la primera victoria electoral, en Colima, bajo su gestión en la Presidencia del CEN del PRI, no se puede pasar por alto que se descartó como aspirante a suceder a Enrique Peña Nieto en 2018.

Quien conoce a Manlio no debe dudar de esa rígida, estricta y hasta draconiana disciplina política que lo ha llevado a ser actor de situaciones delicadas, severas, pero igual blanco de la difamación para destruir su carrera y llevarlo a prisión.

Por supuesto, Manlio no es una hermana de la caridad y suele ser un dictador como jefe de grupo. Pero, sobre todo, es institucional y, lo han dicho líderes de la oposición, sabe cumplir su palabra. Para atrás ni para agarrar vuelo.

Por eso, ayer jueves, en mi colaboración en El Independiente, diario del estado de Hidalgo, no me pude sustraer a abordar el tema que entraña una lección de lealtad e institucionalidad, algo que no suele darse entre los políticos contemporáneos que practican el deporte del “chapulineo” y olvidan lealtades y pactos de hermandad, sucumben a los apetitos del poder y sin rubor cambian de ideología. Poder es poder, pretextan, no importa el humillante papel de ser marioneta de intereses de diverso cuño.

Veamos. De aquella reunión no desmentida ni negada, en la que Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y Beatriz Paredes Rangel acordaron allanar el camino al primero para registrarse como candidato único del PRI a la Presidencia de la República, las consecuencias se han observado en los tres primeros años del gobierno de Peña Nieto con la lealtad y disciplina de Manlio Fabio Beltrones, especialmente. 

Y es que, cuando el 17 de diciembre de 2011 Peña Nieto recibió la constancia como candidato presidencial, Manlio pulsó cuál sería su futuro político. Y éste se tejió en el Congreso de la Unión, como factor toral para negociar, cabildear y aterrizar el proyecto sexenal de Enrique Peña Nieto.

Desde la Cámara de Diputados, como coordinador de la bancada priista que recuperó mayoría en la LXII Legislatura, Manlio fue el factor que impulsó la aprobación de las reformas estructurales, mientras en el Senado, Gamboa resbalaba en las negociaciones pero al final de cuentas cumplió el papel que se le asignó. Es el hermanito de Manlio, así lo llama el sonorense en público, ¿por qué?

Bien, hay que recordar, senador saliente en la LXI Legislatura, Manlio se abrió de capa y declaró públicamente que buscaría la nominación priista para suceder a Felipe Calderón Hinojosa. Pero, más allá de una evaluación de sus posibilidades de lograr la candidatura, Beltrones demostró que es disciplinado e institucional. 

Irse por la libre, pese al enorme capital político con el que contaba, no abonaría en su expediente y prefirió negociar, acordar términos de campaña y otear al futuro inmediato. No fue integrante del gabinete presidencial porque precisamente su capital político lo puso a disposición del partido y, sobre todo, de Enrique Peña Nieto. Y se convirtió en el poderoso coordinador de los diputados federales del PRI.

Beatriz está en la embajada que soñó e incluso estuvo ofertada en el sexenio de Vicente Fox, en Brasil. Pero no sucumbió a la oferta y se negó a ser embajadora de un gobierno con el que no comulgaba. Y con Peña Nieto su sueño fue realidad y, desde Río de Janeiro, ve pasar la historia de México, la contemporánea.

Emilio Gamboa está en lo suyo, en el cultivo de la oposición, el acomodo de sus intereses y el mismo rollo que pretende ser institucional mas lo evidencia operador por encargo en temas especiales, como una especie de consultor senatorial que nunca ha ganado una elección. En fin.

Por supuesto, margen aparte de su historia personal que lo instala en el ascenso merced a sus relaciones, no tiene la estatura de Manlio que hace cuatro años dijo que quería ser candidato a la Presidencia de la República y, hoy, como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, el partido en el poder, aseguró que no buscará en 2018 la nominación presidencial.

Y lo dijo abiertamente, sin demagogias, directo e institucional, en una reunión informal, una comida con un reducido grupo de columnistas de pedigrí. ¿Por qué a la mitad del camino del gobierno de Peña Nieto la declaración que ataja los apetitos del poder que, cualquiera en su cargo, podría tener? 

Ciro Gómez Leyva y Joaquín López Dóriga lo citan, la declaración de que no será candidato a la Presidencia

-¿Por qué?– le preguntó Ciro.

-Porque sería inequitativo y desleal—respondió Manlio.

-Inequitativo y desleal—remarcó el columnista.

-Completamente –subrayó Beltrones–. Además –abundó– se me partiría el PRI. Mira lo que está pasando en el PAN. Imagínate si estuviera saliendo en los spots de radio y televisión todo el día. Cómo le pediría unidad a los candidatos en los estados, lo que ya de por sí es bastante complicado. Cómo los convencería de que hay un proyecto común, neutral por el partido.

-¿No vas en el 18?

-No voy.

Y no va, porque es leal e institucional. Diría el profesor Enrique Olivares Santana que Manlio es ejemplo del aseo político, vacunado contra los apetitos de poder. Conste.

VIERNES. La renuncia del exsecretario de Educación del gobierno de Chihuahua, Marcelo González Tachiquin, a su militancia en el PRI, no es asunto menor. Rompió con el tricolor y de hecho con el gobernador César Horacio Duarte Jáquez. ¿Fue porque se enteró que lo usaron y engañaron con eso de que podía ser candidato a la gubernatura? Sí, eso encabrona y lo que le sigue. Digo.

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