¡Que conste… Los olvidados!: Ni que fuera nahual

¡Que conste… Los olvidados!: Ni que fuera nahual

“Yo no aprendí la castilla hasta hace unos años, aquí, en la cárcel, no sé en realidad porque estoy, yo caminaba por el monte y de pronto alcance a ver un puma, hermoso animal”


Por: Sócrates A. Campos Lemus

 

Pues sí me llamo Delfino Juárez Porfirio, mis tatas querían ponerme Delfino Juárez General Porfirio y no los dejaron, no sé por qué, mi tata abuelo adoraba a Juárez, él, era zapoteco como nosotros y llegó lejos, se educó, le dieron chance y se educó y jamás abandonó a los suyos, por eso me pusieron Juárez, también mi tata abuelo adoraba al general Porfirio, él, sirvió con él como rastreador y para decirle dónde estaban los otros, los enemigos, y le ayudó en las batallas, no agarró rifle, no sabía, pero tenía uno de chispa, bonita armita, pero él peleó con la punta de las lanzas para picar a los bueyes cuando se siembra y con el machete, por eso me quería poner, General Porfirio, y pos no quisieron hacerle caso y por eso desde siempre me llamaba General Porfirio… Mi tata se llama Poncho y mi nana Delfina, mi abuelo se llamaba Ruperto el contador de historias de la sierra. Allá, las palabras son sagradas.

Yo no aprendí la castilla hasta hace unos años, aquí, en la cárcel, no sé en realidad porque estoy, yo caminaba por el monte y de pronto alcance a ver un puma, hermoso animal, ya lo venía buscando porque la verdad se había jodido algunos borregos y ya lo traíamos entre ojos, así que lo seguí, y con la carabina de chispa y mi machete, le di entre los ojos y cayó y lo rematé con la punta del machete y me lo eché al lomo, y hay voy, cuando de pronto aparecen unas autoridades y me dicen que cazar pumas está prohibido, pero nadie en la montaña sabía, y me llevan a la cárcel y sin saber castilla me dice por señas el autoridad si había disparado y le digo que sí, y al tiempo me voy dando cuenta que no me acusaron por el pumita sino por un cristiano que ni sabía quién era y aquí estoy, tengo años y me apeno, no soy malo, simplemente no sé leer ni escribir y no porque no quisiera sino porque no llegaron los maestros por esa zona. Así es la vida, nos chingan sin saber por qué razón, cuando después de mucho tiempo vino mi Tata, le pedían papeles, pero allá no hay papeles todos nos conocemos y sabemos de cual pueblo y familia son, pero acá no, nos pedían papeles y estuvo muchos días afuera del penal y un buen día, un autoridad, le dio pena y lo pasó y me puso a su lado. Cómo me dolió su cara de pena y su llanto, no lo había visto llorar, en la montaña no se llora nada más que cuando llueve y no se ve cuando salen las lágrimas por las penas, por eso se camina y se piensa y se recuerda… ahí, callados, viendo lo que no entendemos nadie, pregunté por mi tata abuelo y ya murió, y mi nana pues dice el brujo que está dolida y con mal de ojo y sufre pena y tristeza y se va poniendo más flaca porque no come y solo suspira y llora por mí… pero aquí estoy encerrado y poco a poco voy aprendiendo la castilla, pero no entiendo mucho y les digo que no soy malo, que yo no maté, maté al puma pero porque se comía a los borregos pero no al  hombre…

No sé cuánto tiempo tengo encerrado, no veo más que paredes altas y policías que nos mandan y presos que nos golpean y también nos mandan, que nos quitan la comida o el petate y nos mandan a barrer y a trapear, que nos dicen yopes y nos insultan como si fuéramos nada y nada somos, somos indios y parece que los indios no encajan en éstas zonas. No me comprendo cómo el Juárez pudo superar los insultos y los desprecios y cómo no se desquitó de todos, no, lo que sucede es que los indios no somos resentidos, no olvidamos que no es lo mismo, pero no

somos vengativos, no matamos, sino nos obligan a defender la vida, y aquí estoy, sin saber nada de nada, y todos me gritan yope y me mandan solo porque soy indio y los indios estábamos en la tierra antes que ellos, pero ellos nos dominaron y nos joden y por eso nos dicen Yopes, se burlan de cuando cuento mi nombre y a mí me gusta, porque era la idea del tata abuelo, que era un hombre de respeto y de palabra. Y, ahora, anda en pena…

Aquí se burlan porque no como con cuchara, tomo la tortilla y la sopeo, aguantó con poco, los indios no tenemos nada y por eso comemos poco y despacito, pensando en cada mordida y acordándonos de cada cosa, de cada palabra, de cada viento, de cada flor, del olor a pino, de canto del gallo y ahí vamos paso a pasito caminando entre brechas y montañas y aquí, encerrado, sin saber por qué, sin entender nada, solo sabiendo que ya no soy Delfino Juárez General Porfirio, sino el yope indio y la patada y el cabrón, y el pendejo y el muévete indio que no sirves para nada y ni llorar, ni dónde hablar lo que hay y nada, encerrado solo, viendo paredes sucias, lavando baños de cagada, comiendo puras cochinadas y sin saber por qué estamos aquí, si yo solamente mate a un puma, y ahora, ni que fuera nahual dicen que maté un cristiano que ni sé quién es y me piden pesos o tierras o animales para sacarme, pero no sé, no tenemos más que la tierra de las uñas y eso ni siquiera es nuestra, es del señor. Lo nuestro es la tristeza y la soledad, el llanto de la nana y la tristeza del tata, mi vergüenza, y aquí, encerrado sin nada, solo con los insultos de yope muévete, ven para acá, lava, barre, trapea, indio pendejo, cabrón, jodido, pinche… y uno aquí, aguantando, sin saber porque estamos si ni siquiera hablo la castilla y no entiendo nada.

Me gusta la noche en este cuchitril, veo de vez en vez la luna y las estrellas, y de pronto, cuando es domingo, vienen las visitas y algunas me dan la ropa para lavar y otras me dan algo de comida y algunos me regalan una sonrisa y me dan ganas de llorar. Aquí estamos solos, siempre solos, nosotros y nadie más, y de pronto, cae un viejo acuchillado cerca de mis pies y vienen unos autoridades y dicen que yo, y no sé decir nada y me chingan y rompen a golpes mi cuero y si lloro más y si me quedo callado, peor, y no entiendo ,solo dicen indio pendejo, mira lo que haces, asesino y yo no sé nada, tengo las manos limpias y el corazón tranquilo, pero me acusan y aquí estoy, jodido, solamente escucho: indio, yope, te vas a chingar la vida y la vida ya la tengo chingada desde que no me pusieron general Porfirio y mi tata abuelo se quedó triste y muerto… y nada sé, los cariños no vienen y nada sé, solo sé que estoy triste y solo, que soy yope y pendejo y nada…existo y no existo, nada…

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