Análisis a fondo: El mal menor o el remedo de democracia

Análisis a fondo: El mal menor o el remedo de democracia

El liberalismo es el gran motor de nuestros infortunios

57% de los ciudadanos no quiere ni a Clinton ni a Trump

Por: Francisco Gómez Maza

Casi nunca las mayorías tiene la razón. Las mayorías “votaron” por neoliberales como Barack Obama; las mayorías votaron por el neoliberal, disfrazado de socialista, Hollande, y la situación económica no sólo no mejoró sino empeoró, y en el caso de México todo está patas pa’rriba, porque los mexicanos siempre votan por el menos malo.

Ahora, más de la mitad de los estadounidenses (el 57%) no quieren ni a Hillary Clinton, ni a Trump porque son coyotes de la misma loma.

Hillary es representante de los neoliberales, el otro es del fascismo, pero aquí no sirve aceptar el mal menor porque detrás del mal menor, como lo decía Baltazar Graziano, filósofo español, detrás del mal menor siempre vienen en cola otros males peores.

Lo que nos ha pasado con la política neoliberal – aunque hay algunos que ya empiezan a hablar de la muerte del neoliberalismo, pero se está aplicando otra política económica más salvaje – que defendieron los Bush, la Tatcher y los dictadores como Augusto Pinochet, asesino del presidente socialista Salvador Allende, es que la economía se ha empobrecido, el dinero se ha encarecido, y la riqueza se ha concentrado exponencialmente en los muy ricos.

Y en México la adoptaron los gobiernos de la revolución mexicana y no sirvió más que para agudizar las contradicciones. Se imponen los intereses de los grandes intereses, de las grandes empresas y los bancos.

Lo que hace la mano hace la’trás. Y los gobiernos mexicanos siguen lo que hacen los gobiernos de Washington. No tienen imaginación para romper con el amo, o con los amos de Wall Street, o las pequeñas cúpulas locales aglutinadas en el Consejo Coordinador Empresarial: esta política mediocre ha impulsado el crecimiento de la pobreza, del hambre, de la miseria y una gran concentración del ingreso y la riqueza cuando mucho en un 10 por ciento de la población.

La economía se ha estancado – ya lo reconoció la propia secretaría de hacienda y el banco central -, y la inflación se ha disparado afectando a la inmensa mayoría de la población. El dinero está muy caro y no alcanza para satisfacer las necesidades ni siquiera inmediatas. Y lo peor es que pareciera que el dinero circula en grandes cantidades, pero este fenómeno es mágico, fantástico, porque en la realidad los consumidores no tienen con qué satisfacer sus necesidades reales. Se comercia con mercancía basura.

No se nota en las cifras pero el desempleo ha crecido y un desempleado sin recursos para pagar la renta, para pagar los servicios de electricidad, de gas doméstico, para pagar la deuda bancaria, para comprar los alimentos es un excelente candidato para el suicidio. Y hay cientos que piensan en el suicidio ante las puertas cerradas.

Al gobierno no le importa la suerte de los trabajadores, la suerte de los pobres, Los miembros de la clase política, como quieren no ser menos que la gran clase empresarial, sólo se dedican a los negocios en la política. A los negocios sucios, inclusive. Muchos se asocian con los señores de la delincuencia organizada inclusive para financiar campañas políticas. Y de ahí el fenómeno de la matazón de personas que supuestamente matan los sicarios del narcotráfico.

Es esta situación la que deprime a muchos intelectuales conscientes. No les preocupa a los orgánicos ciertamente. Ni a las autoridades. Ejemplos hay muchos. Esta situación que aparece como producto de una maldición gitana no tiene salidas. Quién logrará, por ejemplo, que la volatilidad financiera mundial se tranquilice si está alimentada por la avaricia y la irresponsabilidad de los banqueros. Quién lograra que la economía mexicana repunte si no tiene imaginación para adoptar políticas económicas audaces que otorgue las mismas oportunidades, reales oportunidades, a los dueños del capital y a los dueños de la fuerza de trabajo. Pero bueno. Todo mundo vota por el menos malo y el menos malo, el mal menor, nos trae los más desgraciados infortunios.

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